Vivir La Lana. Entrega 4: La lana que no quiso cambiar de color

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Hoy desvelamos una de las características que hace más especial al proyecto Vivir la lana. Tiene que ver con el color, y cuando se trata de colores, las posibilidades de cómo puede terminar esta historia son infinitas. 

¿Nos metemos de lleno en la ficción? (Pero recuerda que esta historia está basada 100% en la realidad).

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El color como concepto es fascinante.

El color como transmisor de emociones es único.

El color y sus significados son variados. 

¿Y sabéis quién lo sabía? Sorrosal, la lana que fue soñada y quería ser vivida; la misma lana que no quiso cambiar de color. 

Pero esto no siempre fue así, hubo un tiempo en que Sorrosal en el que renegaba de su color natural. (Esto le pasaba a muchas lanas, no penséis que solo le pasaba a ella).

Pasaba las noches soñando con arcoiris.

Los mañanas suspirando por verdes, azules y violetas y las tardes por rojos, amarillos y naranjas.

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Cuando alguien sacaba el tema de los colores primarios se volvía loca, cuando algún tintorero pasaba cerca de ellas intentaba ponerle la zancadilla, enredarle los pies con sus hebras y caer como quien no quiere la cosa en alguna de sus pócimas mágicas. 

Alguna vez probó a teñirse ella misma. Pero resultaba sumamente incómodo. Se había creído que los anuncios de la TV en los que la gente se teñía sin derramar ni una sola gota por la frente eran verdad. Y no, nada más lejos de la realidad. 

Sorrosal soñaba desde que iba a lomos del rebaño con el día en que la esquilaran, la lavaran, la hilaran, y finalmente la tiñeran. 

Y ese día llegó. 

Todo el proceso fue un auténtico placer, había escuchado hablar de técnicas horribles para esquilar que le hacían tener pesadillas, pero las manos de Luis Sorrosal, sus hermanos y equipo… ¡¡Esas manos eran de otro mundo!! Todo fueron mimos y cuidados. 

La lana estaba nerviosa ¿de qué color iba a ser? ¿por cuál se iba a decantar? Creía que el amarillo le sentaría bien, pero claro, en invierno quizás convenga más ser verde, o quizás la mejor elección fuera un rojo palpitante que no pudieras olvidar…¡¡Había tantas opciones!!

Y entonces llegó su turno. Cuando todo el proceso de lavado había acabado, aún en madeja, pudo ser consciente de lo que era ella misma en todo su esplendor.

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Pudo observar que su color no era ni blanco, ni negro, ni marrón, su color era NATURAL.

Pudo ver que cada una de sus hebras lucían suaves y brillaban con fuerza.

Entonces fue consciente que ella, en sí misma, natural, tenía algo especial, algo que la hacía distinta al resto, tenía personalidad y transmitía todo lo que significaba su historia a través de su propio color.

Ese día decidió que ella sería la lana que no quería cambiar de color, porque su propio color lo decía todo. 

No penséis que no disfrutó viendo como otras “Sorrosales” se daban un baño de color, claro que sí, de hecho aplaudió cada uno de los colores elegidos por sus compañeras, pero ella había tomado su decisión, convirtiendo el color natural en seña de identidad de este proyecto titulado “Vivir la lana”

… Continuará.

¿Qué te ha parecido la historia de la lana que no quiso cambiar de color?

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Hoy te hemos contado uno de los ingredientes decisivos en este proyecto: el color natural será el conductor de esta historia.

Te dejamos estas palabras a modo de reflexión, para que como cada semana tengas una pieza más del puzzle. 

Al final de la historia podrás descubrir cómo cada decisión que hemos tomado, y las que quedan por tomar tienen un motivo y una motivación. Recuerda que tú, tejedora consciente y exigente podrás decidir cuál es el final, aún queda para llegar a eso, pero el camino está siendo entretenido, ¿verdad?

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